Discografía

LAS SOMBRAS DEL EXTERMINADOR

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Miguel Gálvez-Taroncher

Nodos – for marimba (1996)

Sisco Aparici (Marimba)

Synergein – Morgen – Ad Libitum – CulturArts GVA

“Gálvez-Taroncher (1974) en Nodos (1996) insta al solista a tocar ágiles cromatismos en los puntos en los que la lámina de madera se sujeta al armazón del instrumento. Así, el timbre aparece más claro, sin demasiada reverberación, y la articulación, precisa. Aparici la pronuncia con una dicción sin mácula y sumamente igualada”

Daniel Martínez Babiloni – Mundo Clásico

POSTCARDS (WORLD PICCOLO VOL. 2)

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Miguel Gálvez Taroncher

Corredurías, Sueño (de Escenas Infantiles)

Jean Claude Beaumadier, piccolo, Jacques Raynaut, piano

Sello: Skarbo

ASIN: B0131HIUAU

CD CONFLUENCIAS

PORTADA CONFLUENCIAS DISCO copia(1)

Miguel Gálvez Taroncher

África, para quinteto de metales y percusión (2011)
Confluencias

Proemium Metals

CD ALMA VIVA DS 0153

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Miguel Gálvez Taroncher

Valencia, tres microludios para piano (2009)

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Una Iberia para Albéniz

Juan Carlos Garvayo, piano

CD Patrimonio Valenciano Acual 007

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Miguel Gálvez Taroncher

Konzert für Violine “Llama de Amor Viva” (2008)

Konzert für Orchester (2008)

Konzert für Bassklarinette (2002)

Irvine Arditti, violin

Carlos Gálvez Taroncher, bass clarinet

Orquestra de la Generalitat Valenciana, M. Galduf (conductor)

Ensemble Espai Sonor, V. García (conductor)

La crisis como necesidad 

Paco Yáñez

lunes, 28 de junio

Miguel Gálvez-Taroncher (Valencia, 1974) lleva en su persona el destino de la composición ya desde niño, desde que con apenas cinco años comenzara sus primeros pasos en este terreno, que se verían afianzados posteriormente por el contacto y magisterio de maestros como Luis de Pablo o Michael Jarrell. España y Austria serán los dos espacios básicos de su formación, así como de su experiencia en salas de conciertos, entre ellas las de los festival austriacos de Klangspuren o el Wien Modern. Su lenguaje es ecléctico y convoca aromas diversos en su distintos estadios evolutivos, aquellos que un compositor aún joven va recorriendo a través del encuentro con influencias diversas que conforman su estilo; un estilo en Gálvez siempre marcado por la expresividad y cierto carácter oscuro, reflexivo y dramático, fruto de sus vivencias del tiempo como espacio de pensamiento, crisis y catarsis creativa desde la que conocer y crecer-en-el-yo.

El disco compacto que nos presenta el Institut Valencià de la Música recoge tres de sus conciertos: Konzert für Violine ‘Llama de amor viva’ (2008), Konzert für Orchester (2008) y Konzert für Bassklarinette (2002). Se trata de páginas ‘concertantes’ en sentido contemporáneo, donde el concepto mismo de relación entre solista y secciones orquestales se entiende de un modo nada tradicional. De entrada, el universo de Gálvez destila ecos de autores que gravitan sobre su aparato estético como Lutosławski o Dutilleux, especialmente presentes en piezas como el Konzert für Violine o en el Konzert für Orchester. Ahora bien, a medida que nos adentramos en la audición de estas obras otras reverberaciones se asoman, enriqueciendo el entramado sonoro, el enraizado de Gálvez-Taroncher en el fluido histórico de la música.

Escrito para clarinete bajo y ensemble instrumental, el Konzert für Bassklarinette pertenece a una época previa a los otros conciertos, una etapa de afirmación del lenguaje y de profundo interés de Gálvez por la literatura científica. En este caso, el compositor valenciano se pregunta por la relación que con nuestra mente mantiene una realidad tan compleja, inasible e inabarcable como la del universo, con sus inmensas medidas espacio-temporales. Articulado en torno a un poema de Zaeth Ritter, el concierto de Gálvez parte de “Un cataclismo. Caos”, en el que “Se desgarran las horas en angustias”. Ello da lugar a una música abigarrada y tumultuosa, convulsa y vehemente en su primera sección, con un clarinete desorientado en una masa de proliferaciones rítmicas y texturas tímbricas que nos remiten al germinal Big Bang. La gran sección en tempo lento que lo sucede tiene un carácter más atmosférico y meditativo, como si del meollo mismo de la violencia física del universo descendiéramos a una contemplación reposada del mismo, en lontananza. Esta sección se desarrolla con cierta inclinación a un melodismo que se va quebrando por momentos, en un proceso cada vez más asentado de comprensión y profundización en la complejidad del universo como realidad física y perceptiva. La breve sección final retoma la saturación de capas, ritmos y timbres del comienzo, de nuevo con un clarinete bajo vehemente, que expone un alarido final punteado de forma conclusiva por la percusión que es directa correspondencia a las palabras de Ritter: “El universo exhala un grito: / es la Vida que se inmola, embriagada”.

Los restantes conciertos son resultado de la presencia de Miguel Gálvez-Taroncher como compositor residente de la Jove Orquestra de la Generalitat Valenciana durante los años 2007 y 2008. Como señalaba anteriormente, la impronta lutosławskiana es inmediatamente reconocible en el Konzert für Orchester, con sus cromatismos saturados y su carácter sombrío, que revelan un carácter dramático en unas partituras de profunda emotividad. La escritura de Gálvez madura, adquiere peso y equilibrio, y sigue indagando el comportamiento orgánico de las masas sonoras, de sus procesos de conformación, desarrollo y disolución. Un denso cromatismo, muy extático y severo, preside el primer movimiento, de nuevo a modo de contemplación reflexiva, como el amplio pasaje central del Konzert für Bassklarinette. Aquí el hombre observa quizás no tanto el infinito del espacio exterior como el insondable abismo interior. El segundo movimiento marca un contraste inmediato, con sus métricas irregulares y sus apuntes casi jazzísticos. Desarrollado como bloques contrastantes entre lo reflexivo y lo visceral, destacan algunos de sus pasajes más rítmicos, como el penúltimo bloque, que traerá a nuestra mente las más vivas de las Notations boulezianas o los histriónicos entramados de las Earth Dances de Birtwistle. Como apunta Zaeth Ritter en sus notas, el final está marcado por un triángulo de contrabajo-timbal-piano que concluye la obra como metáfora musical del fatum, de ese destino sombrío que ha recorrido todo el concierto abismando al autor en la estupor-reflexión-superación que supone la crisis.

Por último, la pieza más extensa del compacto es el Konzert für Violine ‘Llama de amor viva’, inspirado en la siempre proteica poesía de San Juan de la Cruz. No se trata del primer acercamiento de Gálvez al místico español, que ya se filtraba en su obra para mezzo y ensemble Noche Obscura (2007). Este concierto se adentra en el territorio de la percepción y sus límites como frontera entre una vivencia-conocimiento humana y divina, frontera que se invita a traspasar a través de la sensualidad, aquí identificada con cierto lirismo con tendencia a lo melódico. Una amplia paleta técnica y expresiva en el violín va dialogando con una orquesta que ejerce de contrapunto y espejo para el drama del solista; un espejo al que asoman nuevos reflejos, en este caso con ecos, casi lindando la cita, de Ligeti, en concreto de su Concierto para piano, cuyo ‘Lento e deserto’ también ofrece ese panorama de vientos lejanos en un paisaje desolado. En ‘Llama de amor viva’ es el tercer movimiento el más contrastante, desarrollado a modo de gran danza ritual y mística, en la que proliferan capas en violín solista y orquesta que nos conducen a un desenfreno orgiástico que acaba retomando el tema del amor del primer movimiento, para exponerlo de forma circular, serena y trascendente, expresión de cierta espiritualidad como unión de las partes e integración que también se hallaba en la conclusión de otra obra, de principios estilísticos muy diferentes a ésta, pero que también abordaba -quizás como ninguna otra- el trance humano, religioso, político y místico de San Juan de la Cruz: El viaje a Simorgh, de José María Sánchez-Verdú.

Las interpretaciones son sorprendentes para tratarse, en sus dos primeros conciertos, de una orquesta juvenil, por su contundencia expresiva, solvencia técnica y fe que irradian los instrumentistas en unos lenguajes que, desgraciadamente, no son tan frecuentes como deberían en la formación de nuestros jóvenes músicos. A ello colabora la experiencia de Manuel Galduf, un director de gran sensibilidad que transmite su convicción en estas partituras a los jóvenes músicos de la Jove Orquestra de la Generalitat Valenciana. En el caso del Ensemble Espai Sonor, dirigido por Voro García, su notabilísima ejecución del Konzert für Bassklarinette no es más que la confirmación de su buen hacer en la música actual, con una interpretación que impacta especialmente en las secciones más contundentes de la obra, que resultan las más atractivas. Carlos Gálvez Taroncher, dedicatario de la obra, me ha parecido igualmente espléndido en su trabajo, aun con la dificultad de carecer de otras versiones alternativas de referencia. Por último, el ubicuo Irvine Arditti al violín hace un alarde de sus habituales recursos técnicos y expresivos, realzando con su moderna musicalidad y presencia una obra que pasa a engrosar su larguísimo catálogo de estrenos y dedicatorias.

Las tomas sonoras son buenas, con gran presencia de los solistas, aunque algo más opacas en cuanto al dispositivo instrumental en el Konzert für Bassklarinette. En los dos restantes conciertos con orquesta las tomas mejoran y permiten disfrutar con gran nitidez de la propuesta, laboriosa y artesanal en su escritura, de Miguel Gálvez. La presentación del compacto es realmente buena, tanto en diseño como en cuanto a información, con generosos textos de Zaeth Ritter y del propio compositor, además de los poemas en que se basan las obras y amplias biografías de compositor e intérpretes, junto a un buen número de fotos. Un ejemplo que esperamos se repita más a menudo en nuestro estado y que da buena fe no sólo del trabajo de nuestros jóvenes compositores, sino de la potencialidad que ofrecen nuestras orquestas (incluso las juveniles) cuando se las confronta con partituras en absoluto sencillas y de tan obligado trabajo si queremos conformar plantillas instrumentales comprometidas y conocedoras tanto de la música de hoy como de la del mañana (que será la suya).

https://www.mundoclasico.com/articulo/14676/La-crisis-como-necesidad

CD Queen Elisabeth International Competition

cd queen elisabeth

Miguel Gálvez Taroncher

La Luna y la Muerte (2006)

Winner of the Gran Prix of the International Composition Competition 2006

Liebrecht Vanbeckevoort, piano

Orchestre National de Belgique, G. Varga (conductor)

CD ARS HARMONICA AH 148

ah148

Miguel Gálvez Taroncher

Mondszene (2004)

for piano and electronics

Silvia Vidal, piano

Ramon Humet, electronics

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